Mi Piedra

No sé cuantas veces me hice prometer que nunca más lo haría. Nadie sabe con qué fuerza he suplicado que no volviera a pasar. Y aún teniéndolo todo en mi mano, he vuelto a fracasar.

Entonces me pregunto el por qué, y la veo aquí, delante mía. Es mi piedra, reluciente y más grande que la última vez. No comprendo como ha llegado hasta mí, yo que creía haberla dejado lejos. Pero está aquí, pegada a mis pies, tan silenciosa como siempre. Pesa aún sin sostenerla en mis manos.

En un instante lo comprendo, como si siempre lo hubiera sabido. Nunca me separé de ella. Simplemente, evitaba mirarla. He estado huyendo sin darme cuenta. Bueno, al menos, haciendo que no me daba cuenta. Tan ignorante de mí misma, que ahora todo se vuelve a repetir. En realidad, no se repite, es que nunca ha cambiado.

He creado un plan tan rígido, que se me ha olvidado que tengo instintos, que me gusta volar...que, como cualquier niña, me puede la ilusión. Pensando que mi piedra estaba lejos, decidí ir hacia aquello contra lo que un día no pude. Lo pero de todo, es que hoy tampoco he podido.

Tan confiada, tan dueña de nada. Todo se me ha ido de las manos. Hay mucho alboroto a mi alrededor, y de nuevo estoy vacía, sólo porque me llené de humo. Mi estómago cerrado, noto el eco de mi corazón en los huecos de mi cuerpo. La ansiedad se ha atado a mis tobillos, y la sonrisa pesa tanto que me molesta.

Me siento en el suelo intentando respirar. No quiero que el mundo conozca lo que me está pasando. Aprieto los dientes sin darme cuenta...La tensión se ha hecho yo, y no encuentro postura que me consuele.

Al concentrarme, sólo me doy cuenta de una pequeña sutileza, un ligero cambio en el patrón. La piedra sigue ahí, pero hoy la acompañan mis lágrimas. Ya no estoy seca.

Se alquilan alas para volar

Tengo un par de alas. Son enormes, mulliditas y de varios colores. Son unas alas tremendas, geniales para volar. Pueden revolver el mundo con un solo batir, sin precalentamientos ni prácticas de aterrizaje.

Sé que pueden llevarme allí donde yo quiera llegar. Sé que no tienen límites, ni existe nadie que pueda limitarlas. Excepto yo misma.

Ese es su fallo, su error de existir. Que si yo no sé, ellas tampoco saben. Y es justo en ese momento cuando se convierten en una tremenda carga. Un regalo que nadie querría para sí.

Pero es que no sé donde quiero que me lleven, me han desaparecido los destinos y las direcciones. No es que no sepa escoger, es que no veo los caminos. He atado la venda de mis ojos demasiado fuerte, y de repente ando porque la rutina me ha cogido la mano. Y lo peor de todo es que hay muchos cristales en el suelo, y no paro de pisarlos. No puedo dejar de caminar, aunque cada paso es una herida nueva en mis talones.

Mis alas se han hecho más presentes que nunca, reclaman sus vuelos para hacerme más consciente. A veces incluso me advierten de su fragilidad. Siento como algunas plumas se desprenden rozando mi piel. Es un buen modo de recordar que la capacidad de volar puede no ser eterna. Entonces entra el miedo en el juego. Y me siento realmente asustada. Llega el bloqueo.

De repente todo se queda en blanco. Es como si no hubiera una solución, aún sabiendo que todo mal camino tiene una salida de emergencia. Me quedo sentada en esta habitación llena y vacía, intentando volver a sentir mi razón. La coherencia me encontrará, hoy que he dejado de buscarla. Poco más soy capaz de hacer.

Mientras tanto...¿alguien quiere alquilar mis alas? Se alquilan por no desperdiciar su derecho a volar. El precio siempre será negociable...

Si todo estuviera permitido...

Dijo que veintiséis, y ella dejó que tirara los restantes a la papelera.
Dijo que en su corazón no había nombre de mujer, y ella dejó que la alianza se deslizara en el bolsillo de su pantalón.
Dijo que no había sonrisa como la suya, y ella dejó que sus labios se quedaran ciegos.
   
Ella dijo que también veintiséis, y él dejó que ella engordara sus vivencias.
Ella dijo que no había pasado que le marcara, y él obvió cada una de sus cicatrices.
Ella no gritó como lo solía hacer, y él se comportó como si eso fuera lo natural.

Comenzaron entonces un "algo" que moría con cada segundo.
Cada saludo seguido de un adiós. No tenían absolutamente nada de lo que hablar. Sólo ser, hacerse entre los dos. Cada despedida atada con las ansias de una próxima vez, sin saber si ésta volvería a llegar.

Inventando excusas que sólo ellos valoraban. Buscando el invierno en cada esquina. Disimulando el secreto, transformándolo en un juego de seducción. Ocultando el engaño en las perversiones, ahogando las malas conciencias a base de tragos de pasiones.

Los remordimientos hacían cortocircuito con cada caricia. El dolor y la culpa convertidos en el mejor juguete erótico. Hasta que llegó esa noche en la que ya no fueron.

Todo quedó en posesión, y entonces los dos perdieron la partida. Siempre hay consecuencias cuando se rompen las reglas del juego.

Caprichos de Niña

No lo quiero. Es curioso, inmaduro y caprichoso, pero ya no lo quiero. Eso que llevo pidiendo a voz en grito tanto tiempo, ahora resulta que no lo quiero. Al menos, no lo quiero así, contigo.

Acércate, que te lo voy a contar. No pido que lo comprendas...de hecho, tampoco quiero que lo hagas. Caprichos del egoísmo que invade mi egocentrismo. No busques razones ni cuestiones el por qué. No encontrarías nada que consolara tu desilusión.

No quiero ser el motivo de tu primera sonrisa mientras te desperezas en la cama.

No quiero ser tu razón para gastar el perfume de las ocasiones especiales.

No quiero ser esa por la que empieces a hacer huecos en tu agenda.

No quiero ser de quien esperes cenas especiales. Ni postres picantes con nata y chocolate.

No quiero ser la que representa lo dulce, ni lo apasionado, ni lo irritante.

No quiero ser con quien te enfades para reconciliarte.

No quiero poseer los ojos en los que te perderías, ni quien tenga esos labios en los que te ahogarías.

No quiero ser el pensamiento por el cual bailes bajo la lluvia.

No quiero ir en contra de tus expectativas, pero mi corazón tira a bala hacia tu decepción. Y no quiero evitarlo.

No quiero ser esa que te hizo volver a desconfiar del mundo al decirte no quiero. Pero quizás esto llega demasiado tarde.

Hoy no quiero absolutamente nada, sólo predicar con el Yo, Me, Mi, Conmigo. No quiero estar, no quiero parecer, no pretendo ser. Al menos para ti, no debería ser.

Los caprichos no siempre tienen un fondo dulce o inocente. Lo siento.

A los Cualquiera de mi vida

Bienvenido a mi mundo, querido Cualquiera. He decidido hacerte un pequeño hueco en mi agenda porque ya ves, así soy yo.

No te dejaré acomodarte ni yo me acomodaré, los dos sabemos que no pasarás demasiado tiempo aquí. Entramos al trapo aún viendo la fecha de caducidad en nuestros cogotes. No pasa nada, compartiremos buenos ratos...porque lo haremos...¿verdad?

Como puedes ver, te he dejado reservada la antesala. Es gran cosa según te lo pinte, aunque todo sean imitaciones y actuaciones duplicadas. Si nos concentramos mucho, puede que parezca algo único. Tú déjame a mí, que tengo experiencia y sé de que va ésto.

Entonces comenzamos a jugar, como si realmente nos importara lo que el otro tiene que decirnos. Como si "algo" fuera nuestro objetivo. Entrenamos el arte de engatusar, sin dejar de mirar del reloj. No nos olvidemos que estamos de paso.

Si conseguimos pasar de las palabras, entra en juego la práctica de nuestra piel. Peleamos por ver quien sabe más de esas cosas que sólo se entienden con luz tenue y respiraciones nerviosas. Es emocionante en el primer toque, intenso en el segundo...el tercero...afortunados si llegamos al cuarto antes de que el interés se pose sobre el cuadro barato de la pared.

Para finalizar practicaremos los silencios, esos que siempre quieren decir algo pero que nunca terminan de decirlo, como los puntos suspensivos. Sólo dejar que pase el tiempo, disimulando lo forzado de toda la situación a fuerza de mímica copiada de las películas de sábado tarde.

Y ahí, sólo ahí, te cerraré mi puerta, dejándote atrás, querido Cualquiera. Y entonces comienza el olvido, sin prisa alguna, a limpiar los sentidos. Primero los rasgos de desdibujan, se olvida cuántos botones tenía tu camisa, de qué color pinté nuestro sofá y los olores se confunden unos con otros. Y por fin olvidan las manos. Ellas, que son tan poca cosa y memorizan tantas otras...

No olvides, querido, dejar tu muesca en mi puerta. Puedes ser un Cualquiera, pero siempre deberás recordar que, por un momento, fuiste el centro de todo mi mundo.

Problemas de los nuevos corazones

Pintaba muy bonito cuando me lo vendí, pero resulta que esto es complicadísimo. Tan difícil, que no creo que pueda conseguirlo.

Al cerrar por última vez la puerta de mi antiguo corazón me crecí. Me crecí tanto que pensé que nada podía salir mal. Salté muy muy alto, creyendo con fuerza que había aprendido lecciones suficientes. La cordura y la razón de ser se fueron de putas. Supongo que a celebrarlo.

Me equivoqué. Me confundí tanto, que me he dado de morros contra mi propio felpudo de bienvenida. Así, antes de ni siquiera estrenar, sin anestesia.  Al menos ahora sé que me queda más sangre de la que me imaginaba. Lastimero alivio ante tremendo tortazo.

Como ha sido tan inesperado, aún no consigo respirar con normalidad, y el corazón sigue a mil por hora. Me he raspado la ilusión y las ganas están todas moradas. No pienso entrar en mi nuevo corazón así, menos mal que aún no he sacado la llave del bolso. Tampoco es que quiera moverme mucho, es difícil asumirlo...¿Antes de empezar, ya mordiendo el polvo? Mira que soy gilipollas.

A mi me enseñaron que de todo hay que sacar una moraleja, y no pienso levantar la vista del suelo hasta que no tenga una conclusión que no implique dar patadas al mundo, patadas de las fuertes. Aunque haya sido todo culpa de mis cordones desatados, no me da la gana dejar esta cosa negra que me ha invadido las entrañas, NO ME DA LA GANA.

El cuento tiene que seguir, pero ahora mismo no sé como hacerlo, quizá no es justo, quizá no sea tan complicado, nunca ha sido algo infinito. Yo hasta que no lleguen las perdices no pienso retirarme...
Ahora mismo, ni siquiera imagino, y es algo asqueroso...lo siento, pero eso no te lo permito.

Os dejo relamiéndome mis heridas, para volver con fuerza.

MudanzaS

Ha comenzado todo. Aquí, ahora mismo. Sentada en mi cama y sin moverme, todo ha comenzado.

Sería mucho más fácil sin pararse a mirar atrás y ver lo que se ha quedado en el camino. Pero no, esta vez no será así. Mi futuro no se merece pagar los dolores de mi pasado.

Siento la necesidad de cerrar bien todas las puertas y las ventanas antes de marcharme. Ah! No sé si lo había dicho...Me cambio de corazón.

No quiero que se sientan penas ni dolores. Quien quede atrás es porque nunca buscó estar delante. Yo tampoco lo puse en primera fila, supongo que terminará olvidándose.

Llevo un par de lunas llenas de retraso, pero se me complicó un poco la cosa cuando me derrumbé. Ligeramente más complicado cuando sólo tuve cerca un espejo que vomitaba verdades y que no tenía intención alguna de levantarme.

Es difícil tropezarse, que sangren las rodillas y no tener a nadie que te levante y consuele tus sollozos, pero sólo así fui capaz de darle la mano a la necesidad, y de reconocer muchas cosas, tan mías...La necesidad de volver a volar!

No me marcho a un corazón mejor, ni siquiera es más grande. Por eso, mi equipaje es tan pequeño. Pesa mucho por lo que vale, pesa mucho por lo que me hace valer a mí al sentirlo mío.

Este nuevo corazón es mejor porque no está roto. No tiene polvo, ni goteras, ni frío. Simplemente, está vacío. Ni penas ni alegrías, ni recuerdos ni sueños. Vacío, con todo lo que eso conlleva.

Es algo que suena triste sin serlo. Es un adiós y un hola haciendo eco. Es...simplemente...ES!